Capítulo 1

¿Dónde estaba la alfombra roja?

Ayer en la insigne sede del periódico El Mundo, tuvo lugar la entrega anual de los premios Metrópoli. Lo más granado del mundillo, gastronómico estaba presente, periodistas, cocineros, bodegueros, sumilleres maestre salas, clientes, publicistas, gestores de comunicación, comerciantes, empresarios, clientes… En fin trabajadores en general y Anson.

Seguro que con toda la gente que había algún cerdito se coló… pero claro, si no esto, no podría estar siendo contado… ¿O es posible opinar sin haber estado? Los cerditos lo pueden todo…

Premiados y premiantes, subieron y bajaron del estrado recogiendo y entregando elegantes premios de metacrilato, algunos a pares incluso. Algo tendrán estos premios cuando no faltaba nadie (bueno, sí los de Sanceloni, pero es que estarían ocupados, buscando trufas por el campo que el día cinco viene el jefe).

Premio a la mejor sala, al mejor sumiller, al mejor jefe de sala, al mejor cocinero en progresión (geométrica añadiríamos), a una trayectoria, al mejor bar (últimamente tasca) al mejor restaurante extranjero, al mejor tradicional, al mejor de lejos pero no demasiado, al mejor nuevo, al mejor; al mejor restaurante más que un restaurante, a la mejor tienda y al mejor mejor.
La verdad es que dado el panorama madrileño y la prolijidad de los premios que no te premien, no es fácil, pero se consigue. Los que no se llevaron ninguno sería por mala suerte, y ésta estaría sin duda causada por el número de premios… 13. Pero no creo que se pueda hablar de conspiración.

Tras la entrega, la celebración, de los premiados, de los que premiaban y de los que pasaban por ahí. Asturianos, La Gastroteca de Santiago y otros grandes templos de la restauración capitalina, recibieron con los brazos abiertos, a la plana mayor de nuestros fogones, tanto de los activos como de los ya apagados por el paso del tiempo. En esos y quizá algún otro sitio más, nuestros cocineros celebraron juntos su éxito común. Y si estaban allí celebrando… ¿quién cocinaba en Madrid? Este colectivo que no quiere criticar a nadie, pero que gusta de ensalzar los meritos personales de los que conoce, afirma que tanto en los biestrellados, como en un pequeño local bipremiado, los jefes estaban. Parece que el número ayer era el dos.

Sin embargo y pese a todo hay fiestas y fiestas. Y el condumio más exclusivo de ayer no tuvo fuegos artificiales, sólo buena comida y buena conversación, que al fin y al cabo es de lo que va esto. En ella se hablo mucho y de muchos. Quién estuvo en este pequeño y muy selecto ágape lo sabe, quien no estuvo que se pregunte por qué. Tras la entrega -¡ay dónde quedó la alfombra roja!- esta auténtica fiesta VF (Vanity Fair, para los despistados) tuvo lugar, y en ella, como en todas, estuvieron algunos cerditos.

Los cerditos lo ven todo, lo saben todo, y no olvidan nada.

Atentamente, Los Cerditos.

Hu-lulu hu-lulu.

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